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El tesoro de oro del Awa Maru: el barco con salvoconducto que Estados Unidos hundió

El Awa Maru tenía un salvoconducto estadounidense cuando un submarino lo hundió en 1945. ¿Se fueron al fondo 40 toneladas de oro y el Hombre de Pekín? Hechos contra leyenda.

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En la noche del 1 de abril de 1945, un transatlántico japonés cruzaba el estrecho de Taiwán iluminado como un festival flotante: las luces eléctricas resplandecían y enormes cruces blancas estaban pintadas a lo largo de su casco y sus cubiertas. Se suponía que era el barco más seguro del océano. Estados Unidos había prometido, por escrito y por radio, no tocarlo. Pocos minutos después de que los torpedos de un submarino impactaran, más de dos mil personas habían muerto, y nació un rumor que ha sobrevivido a casi todos los relacionados con él: que en algún lugar del lecho marino frente a China yace una fortuna en oro, diamantes y los huesos perdidos de un antepasado humano primitivo.

Esta es la historia del Awa Maru, y de la frontera entre lo que podemos demostrar y lo que solo desearíamos saber.

Los hechos documentados

El Awa Maru era un moderno transatlántico mixto de pasaje y carga de 11.249 toneladas brutas, construido por Mitsubishi en Nagasaki y terminado en marzo de 1943 (Wikipedia, "MV Awa Maru"). A principios de 1945 había sido destinado a un cometido especial: transportar suministros de socorro de la Cruz Roja a los prisioneros de guerra aliados recluidos por toda la Asia ocupada por Japón. A cambio de esa misión humanitaria, Estados Unidos le concedió un salvoconducto formal.

Esa garantía era real y concreta. El 28 de marzo de 1945, el vicealmirante Charles Lockwood transmitió una orden a sus submarinos: "DEJEN PASAR SIN OBSTÁCULOS AL AWA MARU, QUE TRANSPORTA SUMINISTROS PARA PRISIONEROS DE GUERRA. PASARÁ POR SU ZONA ENTRE EL 30 DE MARZO Y EL 4 DE ABRIL. NAVEGA ILUMINADO DE NOCHE Y CUBIERTO DE CRUCES BLANCAS" (U.S. Naval Institute, Proceedings, "Let Pass Safely the Awa Maru", 1974). Los mensajes que detallaban su ruta y su itinerario exactos se transmitieron repetidamente en lenguaje claro.

El sistema falló. El submarino USS Queenfish (SS-393), al mando del comandante Charles Elliott Loughlin, detectó un contacto rápido en superficie en medio de una densa niebla y, por radar, lo tomó por un destructor. Loughlin no había sido informado personalmente sobre el Awa Maru, y según parece las copias de las transmisiones del salvoconducto nunca llegaron a ponérsele delante (Proceedings, 1974). El Queenfish disparó. El transatlántico se hundió en cuestión de minutos.

El costo humano no admite discusión. De las 2.004 personas a bordo, sobrevivió exactamente una: un tripulante llamado Kantora Shimoda, el camarero personal del capitán, que fue rescatado del agua después (Wikipedia). Llamativamente, los relatos afirman que era la tercera vez que Shimoda era el único superviviente, o casi el único, de un barco hundido.

Lo que vino después fue un ajuste de cuentas. La Marina de Estados Unidos sometió a Loughlin a consejo de guerra. El tribunal desestimó los cargos más graves, pero lo halló culpable de negligencia y le impuso únicamente una carta de amonestación. La levedad de la sentencia enfureció de tal modo al almirante Chester Nimitz, autoridad convocante, que reprendió formalmente a los miembros del tribunal por lo inadecuado del castigo (Proceedings, "The Treasure of the Awa Maru", 1982; UPI Archives, 1982). Japón exigió una indemnización; el 14 de agosto de 1945 —el día de su rendición—, la reclamación de Tokio cifraba los daños en unos 227 millones de yenes, alrededor de 52,5 millones de dólares. La factura nunca se pagó, y el asunto se cerró oficialmente en 1949 (Wikipedia).

La verdadera incógnita pendiente

He aquí el misterio que se niega a resolverse: ¿qué había realmente en las bodegas del Awa Maru cuando se hundió?

La versión oficial es anodina. Las fuentes más fiables describen su carga de regreso como materias primas industriales —estaño, caucho, plomo, azúcar, níquel—, junto con unos 1.700 marinos mercantes y alrededor de 80 pasajeros de primera clase que estaban siendo evacuados de Singapur a Japón (Wikipedia). Un detalle elocuente contradice la leyenda: cuando Japón presentó su reclamación formal de daños, detalló numerosas pérdidas, pero no mencionó lingotes de oro (Wikipedia; Proceedings, 1982). Un gobierno que exige una compensación tendría pocos motivos para ocultar toneladas de oro cuyo reembolso pretendía.

Y, sin embargo, los rumores eran concretos, persistentes y circularon por toda Asia durante décadas: que los desesperados japoneses habían cargado el barco "seguro" con riquezas saqueadas —que se cifran habitualmente en 40 toneladas de oro, una cantidad de platino y unos 150.000 quilates de diamantes—, un botín valorado en algunos relatos en cinco mil millones de dólares o más (Wikipedia; Proceedings, 1982). Los rumores se tomaron lo bastante en serio como para que, en 1976, un consorcio estadounidense de rescate —que, según se dice, incluía al exastronauta del programa Mercury Scott Carpenter y a Jon Lindbergh— solicitara los derechos sobre el pecio.

Entonces llegó el giro más sorprendente. En lugar de conceder esos derechos, la República Popular China localizó discretamente el pecio (al parecer en 1977) y puso en marcha su propio y enorme operativo de recuperación. A lo largo de unos cinco años y con un costo que se cifra en cerca de 100 millones de dólares, China desplegó decenas de buzos y cientos de personas de apoyo para registrar el casco (Wikipedia; UPI Archives, 1982). El resultado, según el balance público: restos humanos devueltos a Japón, algunos objetos personales... y ningún tesoro. Si a bordo hubiera habido 40 toneladas de oro, uno de los operativos de rescate más tenaces de la época no anunció haberlo encontrado. Ese silencio es el núcleo de la incógnita pendiente.

Teorías e interpretaciones (señaladas como especulación)

La lectura de "el oro nunca existió" (la mejor respaldada). La explicación más sencilla encaja con el registro documentado: el Awa Maru transportaba materias primas industriales, el rumor del oro surgió de habladurías de guerra sobre las riquezas asiáticas saqueadas, la propia reclamación de Japón no incluía lingotes y el exhaustivo rescate chino quedó en nada. Según esta visión, el "oro fantasma" fue siempre un fantasma. Es especulación únicamente en la medida en que exige confiar en los inventarios oficiales, pero es la interpretación que con más comodidad sostienen las pruebas que han llegado hasta nosotros.

La teoría de "el oro fue en sentido contrario" (sin verificar). Algunos relatos atribuyen a información de inteligencia de señales estadounidense desclasificada un giro: que el oro sí estuvo implicado, pero que se transportaba desde Japón hacia el sudeste asiático en una etapa anterior del viaje, y que se entregó con éxito antes de que el barco se recargara con estaño y caucho para el fatídico trayecto de regreso (Wikipedia, que cita análisis de la NSA). No pudimos consultar de forma independiente el estudio desclasificado en que se basa, de modo que lo presentamos como una afirmación referida y no como un hecho establecido. De ser cierto, explicaría con elegancia tanto los rumores del oro como el pecio vacío.

La teoría del Hombre de Pekín (intrigante, pero no probada). La leyenda más inquietante vincula el pecio con la ciencia. Los huesos fósiles del "Hombre de Pekín" —Homo erectus pekinensis— desaparecieron en diciembre de 1941 mientras se los evacuaba de China, y nunca se han encontrado (NUMA, "Divers Seek Bones of Peking Man", 2012). El investigador Christopher Janus persiguió pistas que sugerían que los huesos habían acabado a bordo del Awa Maru, y un camarero superviviente describió, según se dice, unos contenedores con forma de baúl en el barco. Pero ese testimonio dista mucho de constituir una prueba, y el rastro documentado de los fósiles apunta a otra parte. El vínculo con el Hombre de Pekín sigue siendo una posibilidad evocadora, no un hallazgo.

Lo que sí es seguro es la tragedia en sí: un barco que navegaba bajo una promesa de seguridad, perdido con todas las almas a bordo salvo una. El oro quizá sea un fantasma. La pérdida nunca lo fue.

Fuentes y lecturas adicionales

Fuentes y lecturas adicionales

  • https://en.wikipedia.org/wiki/MV_Awa_Maru
  • https://www.usni.org/magazines/proceedings/1974/april/let-pass-safely-awa-maru
  • https://www.usni.org/magazines/proceedings/1982/august/treasure-awa-maru
  • https://www.upi.com/Archives/1982/09/19/Full-story-told-of-WWIINEWLNsinking-of-the-Ava-MaruNEWLNMistakenly-torpedoed-by-US-sub-Mistakenly-sought-by-treasure-hunter/4980401256000/
  • https://numa.net/2012/09/divers-seek-bones-of-peking-man/
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